Padre Ángel Torrellas

Fray Ángel Torrellas, nació en la ciudad de Gijón, al norte de España, el 15 de julio de 1930, hijo de Germán y de Artemia, maestros. Y pasó su infancia en un pueblecito cercano a la costa, llamado Priesca, lleno de vacas y manzanos, con una hermosa iglesia prerrománica.

A los once años fue llevado al seminario menor de Corias, en la provincia de Asturias, donde estudió el bachillerato. De donde pasó a hacer el noviciado a Salamanca. La filosofía la cursó entre Vergara, en el País Vasco (1º curso), y Las Caldas de Besaya, en Cantabria (2º y 3º); y los cinco cursos de teología en Salamanca. Años de placidez académica, de jovial y austera convivencia, de deporte, de paz espiritual, de forja del carácter y de amistad entre los doscientos hermanos religiosos que formaban aquel convento.

En aquel ambiente de tranquilidad Ángel fue perfeccionando los conocimientos musicales que aprendió en el bachillerato. Y se dio cuenta de que la música iba a ser su “arma” apostólica a lo largo de muchos años. Dotado de una excelente voz y de un gran oído, más la herencia paterna de afición musical, aprendió a tocar varios instrumentos, colaborando al esplendor de las fiestas de la comunidad. Con esas dotes, y su carácter exigente hasta el perfeccionismo, logró formar un gran coro en el santuario de La Virgen del Camino, León, con el que grabó varios discos. Previamente fue destinado varios años a la Universidad Laboral de Córdoba y al convento de Vergara, donde enseñó varias materias de bachillerato y música.

Sin embargo Ángel andaba algo descontento consigo mismo; entonces una hermana suya le convenció de que hiciese un curso –que al final fueron tres- de actualización teológica en el Instituto Superior de Pastoral de Madrid. Allí descubrió una manera distinta de vivir la vida cristiana y religiosa, más comprometida con el pueblo, más servicial. Al terminar los estudios solicitó permiso para venirse a un país de América Latina, donde hacían falta sacerdotes. Le mandaron a México, y se fue a vivir a una populosa zona obrera, Netzahualcóyolt, al lado del distrito federal, donde fue párroco por 6 años.

Estando en México, donde colaboró también en la formación de los estudiantes dominicos, conoció a la religiosa chicana Margarita Navarro, de la congregación de San José de Medaille, con la que trabajó siempre en adelante, formando un dúo apostólico impresionantemente unido y eficaz. Margarita le ayudó mucho en su maduración humana y espiritual, sobre todo a conocer, apreciar y luchar por la liberación de las mujeres explotadas y violentadas. Margarita falleció el 2 de setiembre del año 2001, lo que representó para él un fortísimo golpe.

Como no le renovaron su contrato en la parroquia de Netza, un dominico de la comunidad de Managua, le sugirió la posibilidad de integrarse a dicha comunidad, y no lo pensó más: vio ahí la voluntad de Dios y los superiores le apoyaron para que se transfiliase al Vicariato de Centroamérica. Llegó a Managua, junto con Margarita, el 2 de marzo de 1983, dos días antes de la llegada del Papa.

La comunidad, viviendo entonces en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, del barrio Monseñor Lezcano, le asignó la zona de Batahola norte, y se incorporó de inmediato a trabajar en dicho lugar, visitando casa por casa, para conocer cómo era la gente de ese sector recientemente construido, qué pensaban, qué deseaban... Visitaron unas 800 casas, pero acabaron reconociendo que ni aumentó la asistencia a las celebraciones ni se lograba formar una comunidad cristiana. Entonces cambiaron la táctica: decidieron enseñar a los que quisieran algo que fuera útil y práctico; Margarita empezó a enseñar costura y manualidades y Ángel comenzó a dar clases de guitarra y flauta. Celebrando siempre la eucaristía los domingos por la tarde, de una manera muy familiar y entrañable. Y las personas empezaron a descubrir a un par de apóstoles sencillos, sensibles a sus necesidades, optimistas, llenos de vida y de energía,transpirando a Jesús de Nazaret, dispuestos a cambiar las vidas de los rutinarios católicos y a atraer a quienes creían que la religión era cosa ya obsoleta.Desde ahí hasta hoy fue todo un proceso ininterrumpido: comenzar a buscar un terreno para hacer un centro cultural polivalente, buscar fondos en el exterior, construir un primer módulo, luego otros, reclutar gente que pusiera al servicio de los demás sus cualidades, mujeres sobre todo, que empezaron a experimentar conciencia de su valía y autoestima, otros que vieron la posibilidad de capacitarse en diversas materias: dibujo, pintura, manualidades, corte y confección, mecanografía, belleza, teatro, música, medicina natural, alfabetización de adultos, computación, etc.

Y el coro empezó a ser numeroso y conocido en todo el país. El coro “de Ángel” ha dado cientos de conciertos en casi todos los rincones de Nicaragua (templos, mercados, fábricas, calles, plazas, ONGs, teatros, incluso hoteles), con un repertorio de unas doscientas canciones, muchas veces acompañados del cuerpo de bailarines del centro. Sin cobrar, sin poner dificultades, con deseos de servir y de que todos puedan disfrutar de buenos momentos de música, ayudando a sensibilizar los espíritus y facilitar la experiencia religiosa. Y vinieron los conciertos en televisión, los casettes, los CDs, las salidas a El Salvador, Guatemala, Estados Unidos y Canadá. Se formaron varios jóvenes en el arte de dirigir. Se amplió la gama de instrumentos, se formó una orquesta…

Y se llenaron de dibujos a colores las paredes. Se construyó una biblioteca, que atiende a cientos de niños y jóvenes a diario. Se empezó a atender a variados grupos de personas extranjeras que vienen aquí a que les expliquen qué se piensa y cómo se vive en Nicaragua. Se dieron becas a cientos de jóvenes, del barrio sobre todo, con las cuales hoy ya son muchísimos los profesionales en ejercicio que un día llegaron al centro cultural de Batahola solicitando ayuda. A nadie se rechazó por su religión o partido o color. Los maestros y maestras son casi todos egresados del Centro. Y, sobre todo, se logró formar una comunidad que piensa en los demás, que tiene un bagaje de valores superiores, que lee y comenta la Sagrada Escritura, que es crítica ante los acontecimientos del país. O sea, hoy día éste es un centro de cultura integral. Pluralista, organizado, exigente en su planificación, entusiasta.

Además Ángel atendió por años a diversos enfermos de la parroquia, a quienes llevaba la comunión sin falta una vez al mes. Y también durante años celebró la eucaristía dominical en el hospital dermatológico, para los leprosos allí hospedados y sus familias, que le recuerdan siempre con enorme cariño.

Fray Ángel siempre cuidó mucho su salud y se sentía muy bien en general: durante años salió a trotar por las mañanas, hacía ejercicios de gimnasia, era un gran nadador. Y llevaba una vida muy regular, de la mañana a la noche: no trasnochaba, se levantaba temprano.

El día 21 de enero del 2002 la comunidad se disponía a hacer la oración de la mañana cuando Ángel se empezó a quejar de un gran dolor en la espalda y en el vientre; parecía síntoma de apendicitis. Se comenzó a poner lívido y frío y a sudar copiosamente. Se acostó un rato, pero viendo que no remitía el dolor, aceptó que le llevaran al Hospital Militar, en el que estaba asegurado. A las 8 am entraba en emergencias y se le hicieron análisis. El doctor que le atendió dijo que Ángel estaba muy grave, que su arteria aorta o estaba rota o a punto de estallar (aneurisma abdominal), que había que operarlo ya. A la 1.30 comenzaron... pero ya el equipo de médicos se dio cuenta de que la aorta estaba rota por diversos puntos; todo fue inútil. Ángel se había ido a la casa del Padre…

Destaquemos tres detalles para finalizar: que siempre fue un gran lector, de lo más variado: teología, literatura, libros de actualidad... Que por decisión de amor, se nacionalizó nicaragüense. Y que sufría por lo que pasaba en el mundo, tanto a nivel local (corrupción, violencia contra la mujer, falta de perspectivas), como a nivel general: guerra en Palestina, en Afganistán, en Colombia... enfadándose consigo mismo cuando oía noticias desalentadoras... que luego exponía en la oración y en la celebración semanal de la eucaristía, en la cual preguntaba a la concurrencia.

Ángel, has sido siervo bueno y fiel, entra al regazo de tu Señor. E intercede por todos nosotros. Cuantos te conocimos te recordaremos y seguiremos tu ejemplo.

Fr. José Luis Burguet, op

Testimonios

Me recuerdo Margarita como si fuera ahorita con mi camisa deschirrangada y mi pantaloncito negro, hasta siento el aire que se mete por lo hoyos de mis zapatos viejos que hasta mis dedos se asoman, Margarita estoy listo para pintar en las paredes del Centro; Margarita te recuerdo como si fuera en este momento haberte visto con un coro de mujeres alegres y niños cargados de esperanza, hambrientos del saber, tu entusiasmo se ha propagado en todos nosotros a cada momento aprendiendo y enseñando en comunidad, siempre platico contigo; estás presente en los olores más vivos, te has marchado físicamente pero en cada uno de nuestros corazones te has quedado para seguir la batalla en este mundo injusto, seguiremos trabajando por nuestros niños, jóvenes ,mujeres y toda nuestra comunidad aquí desde nuestro puesto tenemos una misión de seguir tu ejemplo; y si el día de mañana me reúno contigo estaré muy contento por haber compartido hermandad, solidaridad y muchos colores llenos de alegría.

“Yo también Margarita te agradezco por haber ayudado a este niño que es mi papá”

— Gerardo Arias